Lo que vimos en Brasil también debe servir de advertencia en México, porque una cosa es medir la opinión pública y otra muy distinta utilizar las encuestas para instalar la percepción de que una elección ya está ganada.
Durante semanas, las principales mediciones colocaron a Lula da Silva al frente de la primera vuelta. Llegaron las urnas y la historia fue distinta.
Eso es precisamente lo que MORENA intenta instalar en México: la narrativa del triunfo anticipado. El oficialismo celebra y difunde mediciones de empresas que, casualmente, han sido exhibidas por recibir contratos públicos millonarios del propio gobierno.
Desde el poder se utilizan encuestas y mediciones como herramientas de propaganda para fabricar una percepción de triunfo inevitable. Te dicen quién va ganando, quién ya perdió, quién es competitivo y quién “no tiene ninguna posibilidad”. Repiten todos los días que la oposición no tiene posibilidades y que todo está decidido antes de que la gente salga a votar.
Brasil nos está dejando una lección: no se vota por lo que dicen las encuestas; se vota por lo que piensa la gente.
Que hablen las urnas. Las encuestas no votan.







