jueves, octubre 1, 2026

Veracruz, los Tiburones y una puerta cerrada

Veracruz volvió al futbol profesional, pero lo hizo justo cuando el futbol mexicano decidió cerrar una de las puertas que durante décadas permitió soñar con la Primera División.

Los Piratas de Veracruz representan el regreso del futbol profesional al puerto. Y eso, para una afición que llevaba años esperando, no es poca cosa.

Pero casi al mismo tiempo volvió a aparecer el otro nombre, el que provoca memoria entre los aficionados: Tiburones Rojos.

Fidel Kuri ha asegurado que las gestiones legales para recuperar al equipo avanzan y que busca concretar su regreso a Veracruz. La gobernadora Rocío Nahle también ha reconocido que existe comunicación sobre el tema y disposición para acompañar, dentro de sus atribuciones, el proceso.

El regreso, sin embargo, todavía requiere resolver derechos deportivos, jurídicos y los requisitos que establezca el futbol mexicano.

Y aquí aparece la paradoja.

La Liga MX estableció para la temporada 2026-2027 que no habrá ascenso ni descenso: los clubes de Primera no bajarán y los de Expansión no subirán. Es decir, la vía deportiva tradicional está cerrada.

Por eso resulta interesante la posición que acaba de asumir Javier Herrera Borunda.

El diputado federal veracruzano se pronunció a favor de restablecer el ascenso y descenso y respaldó expresamente el regreso del Tiburón. Su argumento es sencillo: Veracruz tiene historia, afición y estadio, y debe poder competir por regresar a Primera División como cualquier otra plaza que lo consiga deportivamente. Además, anunció que dará seguimiento a las iniciativas que se discuten en el Congreso para recuperar el principio del mérito deportivo.

Es una postura que pone el debate en un lugar distinto.

Porque esto ya no es solamente una discusión sobre si regresan o no los Tiburones. Es también sobre qué tipo de futbol mexicano queremos tener.

Un sistema en el que los resultados determinen quién sube y quién baja permite que una plaza con tradición pueda volver a construir su camino desde la cancha. Y Veracruz tiene, precisamente, una historia que hace difícil separar el futbol de la identidad del puerto.

Por eso hay dos historias ocurriendo al mismo tiempo.

Una es la de los Piratas, que ya está en la cancha y puede construir una nueva identidad.

La otra es la de los Tiburones, que intenta recuperar una identidad que quedó suspendida desde 2019.

Y quizá la pregunta de fondo sea ésta:

¿Veracruz necesita solamente un equipo de futbol o necesita recuperar a los Tiburones Rojos?

No necesariamente es lo mismo.

Piratas puede construir una historia nueva. Los Tiburones representan una historia que ya existe, con afición, memoria y una identidad profundamente arraigada en el puerto.

Pero mientras Veracruz busca recuperar esa historia, el futbol mexicano modificó las reglas del juego.

El ascenso y descenso ya no está.

Y por eso la discusión que plantea Javier Herrera resulta pertinente: si se quiere que el mérito deportivo vuelva a tener peso, habrá que reconstruir también el camino que permita que una plaza como Veracruz pueda ganarse, en la cancha, su lugar entre los grandes.

Porque un estadio nuevo puede devolver el futbol a una ciudad.

Pero solamente una competencia abierta puede devolverle el sueño de llegar a Primera.

Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.

X: @aaguirre_g

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