¿Habría que indignarse porque un alcalde gane 250 pesos más que la gobernadora, a pesar de que en estricto sentido no debería? En el caso de Minatitlán, Guillermo Reyes aparece con una percepción neta mensual de 85 mil pesos, frente a los 84 mil 750 de Rocío Nahle. La diferencia es pequeña…pero percibe más.
Porque si el límite está establecido por ley, no debería importar si la diferencia es de 250 pesos o de 25 mil. Basta un ejemplo: si en las democracias se gana por un voto, en temas de remuneración máxima, un peso más sigue siendo un peso por encima… y punto.
La cantidad no es para escandalizarse, en efecto, pero suficiente para preguntarse si la regla se está cumpliendo o no.
Y aquí es donde la historia deja de ser la del alcalde de Minatitlán. En abril, la gobernadora hizo público el señalamiento por los sueldos en los ayuntamientos de Nanchital y Poza Rica; pidió revisar y ajustar salarios. El ORFIS, a su vez, llamó a los alcaldes a no ganar más que la mandataria.
Poza Rica entendió el mensaje y actuó. En mayo, el Cabildo aprobó reducciones salariales de hasta 30 por ciento para integrantes del cuerpo edilicio y otros funcionarios. Es decir, había margen para corregir y se corrigió.
Pero meses después, siguen apareciendo casos. Minatitlán es uno de ellos y Córdoba acaba de sumarse a la lista, con una percepción neta reportada de 85 mil 220.84 pesos mensuales. En ambos casos, la diferencia frente a los 84 mil 750 pesos de la gobernadora es pequeña, y por eso el debate no lo centro en el monto, sino en la regla.
Aquí hay responsabilidades que no conviene revolver. Un alcalde no puede simplemente decir que su salario fue aprobado por el Cabildo y con eso dar por terminado el asunto; el Cabildo también tiene responsabilidad. Y el ORFIS tiene la suya: revisar, fiscalizar y determinar (dentro de sus atribuciones), si existe alguna irregularidad.
Lo que no debemos hacer es acusar al órgano fiscalizador de no haber actuado, cuando no tenemos públicamente el resultado de una revisión específica que permita sostenerlo.
Pero no resulta razonable que el cumplimiento de una regla dependa de que la gobernadora tenga que volver a molestarse públicamente. La llamada de atención ya ocurrió. Algunos corrigieron; otros siguen ganando más que Nahle. Y si el ORFIS fue llamado a revisar, tenemos derecho a preguntar qué se encontró.
Porque ésa es, finalmente, la verdadera historia: no cuánto gana un alcalde, no cuánto gana la gobernadora, y mucho menos si la diferencia es de 250 pesos o de unos pocos cientos.
Porque si para cumplir la ley hace falta que la gobernadora vuelva a enojarse (y a exhibirlos en público), entonces quizá el problema no sea cuánto ganan los alcaldes, sino la ética con la cual se conducen.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g





